Lección 147 Ucdm

4o. Repaso Lecciones 133 y 134

 

Aquiétate durante 5 minutos, en dos ocasiones, al despertar y antes de dormir y mientras te vas relajando con la respiración, ve introduciendo en tu consciencia las siguientes palabras:

«Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.»

Después de unos minutos en que introduces esta frase, en la que afirmas la indisoluble unidad de tu mente con la de Dios, en la que excluyes de tu mente cualquier pensamiento contrario al amor, procedes a incluir las dos ideas de repaso: 

(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.

(134) Quiero percibir el perdón tal como es.

Repite estas dos ideas “sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.»

Y en la medida que estas palabras se asientan en tu consciencia, te relajas y te dejas ir de la mano de Quien nos guía con amor y «Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz.»

 

PARA HACER TU PRÁCTICA

Cada hora te aquietas durante un minuto y pasa un momento de recogimiento con el pensamiento que empezó el día, cierra los ojos y las repites lentamente para tus adentros:

«Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.»

(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.

(134) Quiero percibir el perdón tal como es.

Meditación L- 147 

Si logro entender el perdón como el mecanismo que me permitirá deshacer todos mis errores, todas mis culpas y mis miedos. Si comprendo que el perdón es la herramienta que me ayuda a sanar mi mente, a sanar mis relaciones, y al liberarme de la esclavitud del ego, despierto del sueño de separación, podré entonces reconocer finalmente quien soy.

Desde mi verdadera identidad como el santo Hijo de Dios, desde la visión del amor, desde la visión de Cristo, reconozco lo ilusorio de este mundo, y no le daré valor a todo aquello que carece de amor, a todo aquello que no es real, pues he unido mi mente a la de Dios, y desde la totalidad de mi paz y de mi amor solo le daré valor al amor y nada mas que al Amor. Cuando el Amor se reconoce a Sí Mismo, el aprendizaje ha concluido, hemos llegado, gracias Padre por tus eternas bendiciones.

Por mucho que busques, no lograrás encontrar en el mundo material, la paz, la alegría, la dicha, la felicidad. Ese mundo material es temporal y está sujeto a las leyes tenebrosas de la muerte. Te identificarás con lo que posees, con lo que tienes y tu identidad será tan transitoria como aquello que crees poseer. Le das valor a lo efímero; proteges la escuela de tu pensamiento que ha forjado la creencia de que eres tan sólo un cuerpo. Todo cuanto acometes, lleva el sello del miedo, de la pérdida de la inocencia, de la culpa y del castigo. Sustituiste el Amor por el temor; sustituiste la Gracia por la Culpa; sustituiste la Salvación por la pérdida y el castigo. Por eso piensa por un momento y pregúntate a ti mismo; ¿A qué le doy valor?

Para tu Padre, no es necesario el perdón, porque Él no ve tu pecado. Y si no ve el pecado, no es necesario el perdón. Si en tu interpretación del mundo, en tus juicios, contemplas el pecado en el mundo, es necesario que sepas, que ese rostro es tu propio rostro. Si has percibido el pecado busca en tu interior la creencia que te ha llevado a verlo. Necesitarás perdonarlo en tu interior. ¿Dónde, o con quién ves el pecado?

 

Para escuchar la Reflexión de la Lección 147 con J. Pellicer

 

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