2o. Repaso – recordaremos las ideas de las lecciones 65 y 66
1. L-65 Mi única función es la que Dios me dio
No tengo otra función salvo la que Dios me dio. Este reconocimiento me libera de todo conflicto porque significa que no puedo tener metas conflictivas. Al tener un solo propósito, siempre estoy seguro de lo que debo hacer, de lo que debo decir y de lo que debo pensar. Cualquier duda no puede sino desaparecer cuando reconozco que mi única función es la que Dios me dio.
2. Las aplicaciones más concretas de esta idea podrían hacerse con las siguientes variaciones: Mi percepción de esto no altera mi función.
Esto __________ no me confiere una
función distinta de la que Dios me dio.
No me valdré de esto para justificar una función
que Dios no me dio.
3. L-66 Mi función y mi felicidad son una
Todas las cosas que proceden de Dios son una. Proceden de la Unicidad y tienen que ser recibidas cual una sola. Desempeñar mi función es mi felicidad porque ambas cosas proceden de la misma Fuente. Y debo aprender a reconocer lo que me hace feliz, si es que he de encontrar la felicidad.
4. Algunas variaciones útiles para aplicar concretamente esta idea podrían ser:
Esto ___________ no puede separar mi felicidad
de mi función. La unidad que existe entre mi
felicidad y mi función no se ve afectada en
modo alguno por esto. Nada, incluido esto, puede
justificar la ilusión de que puedo ser
feliz si dejo de cumplir mi función.
Comentario a la Lección 83 por Elvia
¿Qué podemos aprender del repaso de estas dos lecciones?
Si tomamos conciencia de quiénes somos, reconociendo lo que es nuestra verdadera esencia, entonces no dudaremos sobre cuál es nuestra función pues ésta, no puede proceder de un origen distinto de quien nos Creó. Soy tal como Dios me creó, soy un Pensamiento de Él, y soy parte de su Mente Amorosa. Mi función es expandir ese amor a través del perdón.
¿Podría tener una función diferente de la que mi Padre me ha dado y ser feliz?
¿Podría ser feliz si intento dejar de ser el Hijo de Dios o si reniego de mi función?
Por supuesto que no. Por lo tanto, me doy cuenta de que mi felicidad y mi función son mi voluntad, pues mi Amor es la semilla de mi felicidad. Aquellos que han sido perdonados, conocen esa sensación de inmensa felicidad al saberse liberados de la culpa. Desde ese momento, la vida adquiere un sentido maravilloso para todo aquel que se siente libre de culpa.
Ser un Obrador de milagros y perdonar, son aspectos que se convierten en mi único propósito. Esa es la mayor felicidad que podemos experimentar los Hijos de Dios, pues es lo único que nos lleva a gozar de la Paz y la Felicidad.
Hoy he escuchado al Espíritu Santo, diciéndome, que despierte de la ilusión, del pecado y de la culpa. ¡Soy Inocente e impecable!, tu mi hermano ¡Eres inocente e impecable! Nunca has dejado de serlo. Aceptar esta idea es tu Salvación.
Eres libre para realizar tu función, ejercerla es lo que te da tu felicidad.