Lección 114 Ucdm 

3er. Repaso – Lecciones 97 y 98

 

1Soy Espíritu (97).

Soy el Hijo de Dios. No hay cuerpo que pueda contener mi Espíritu o imponerme una limitación que Dios no haya creado.

2Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación (98).

 No tengo otra función mas que aceptar la Palabra de Dios, pues Él me creó para ser lo que soy y que por siempre he de ser.

3. A la hora en punto:

– Soy Espíritu.

Media hora más tarde:

– Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.

Comentario de Oscar G. Diez

Para reflexionar en estas ideas recordemos lo que vivimos en todo el mundo durante la cuarentena del 2020.

Podemos decir que lo  que está confinado es el cuerpo no la mente, la mente es libre y puede hacer lo que desee. Lo que Soy nunca ha estado confinado ni nunca lo estará. O como nos lo recuerda esta lección: «No hay cuerpo que pueda contener mi espíritu o imponerme una limitación» Ello no quiere decir que no cuidemos  el cuerpo de los peligros percibidos, pero la mente está mucho más allá de los limites de la forma, es libre, su única prisión es ella misma, cuando se percibe limitada al cuerpo.

Cuando nuestra mente se identifica con el cuerpo, es esclavizada por la forma, por el «yo» que se cree un cuerpo. ¿Por qué nos agobia tanto estar físicamente en el mismo lugar  por varios días o semanas? ¿Por qué la necesidad compulsiva de estar fuera de casa? Para muchos salir a trabajar o estudiar no es lo mas satisfactorio de sus vidas. ¿Entonces por qué queremos salir? Quizá porque no soportamos estar con nosotros mismos o con las personas cercanas con las que compartimos en casa.

Evitamos ver  este conflicto y fijamos la mirada en el mundo externo, en el que podemos diluir una individualidad en permanente conflicto consigo misma, ya sea en alguna actividad festiva, cultural o deportiva, o saliendo de compras, o en cualquier cosa que ocupe nuestro tiempo y que nos permita escapar de nuestra «soledad» interior. La paradoja es tal, que finalmente puedes “escapar” de casa pero no escaparas de ti mismo.

La cuarentena puede ser una oportunidad o un infierno, depende de cómo la interpretemos. Si la interpretamos desde el ego, seremos presas del miedo,  de la incertidumbre, del agobio y del conflicto doméstico, o de la frustración y el resentimiento.

Pero hay otra manera de ver esta experiencia, desde una mente libre, que se  reconoce a sí misma, que se  observa, se auto indaga, que enfrenta sus sombras y decide sanarlas perdonando cada día sus pensamientos no amorosos, cultivando la ternura con los hijos, la dulzura con nuestros padres o personas cercanas, disfrutando o sanando nuestra relación de pareja, aquietando la mente, respirando profundo, y navegando en nuestro silencio  en un viaje hacia la luz interior y la eternidad.

Y propongámonos deshacer el ego, permitiendo que el amor dentro de si aflore, y  extenderlo al mundo como  solidaridad, compromiso, alegría, confianza en si mismo, y en esa Voz interior que nos recuerda que no somos un cuerpo, somos una mente libre, eterna, creada por el Amor y que es la morada de la luz, la dicha y la paz. Si hacemos lo anterior, y aceptamos  «el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.» entonces reconoceremos que nuestra verdadera identidad es espíritu inmortal, creado por el Amor infinito que no conoce de límites, cuerpos,  formas ni tiempos.

 

 

PRÁCTICA:

Dediquemos pues 5 minutos por la mañana y 5 minutos, por la noche, momentos en los cuales repetiremos en nuestra mente lo siguiente: 

– «Soy espíritu.»

– «Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.»

Interiorizando estas lecciones para llevarlas hasta lo profundo de  nuestra consciencia, para lograr despertar el recuerdo de que somos Espíritu unidos con nuestros hermanos y con nuestro Padre, y que no hay cuerpo que pueda limitarnos y para llegar a ello «Acepto el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.»

 

 

PRÁCTICAS CORTAS  Y  FRECUENTES:

Repite la idea del día con la mayor frecuencia posible, mantén tu propósito de recordar que eres espíritu y que aceptas el plan de Dios para la salvación.  cada hora durante el transcurso del día. Amen

 

 

Comentario Corto de la Lección 114 por:  J. Pellicer

 

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