1. Continuamos hoy desarrollando el tema de causa y efecto. No eres víctima del mundo que ves porque tú mismo lo inventaste. Puedes renunciar a él con la misma facilidad con la que lo construiste. Lo verás o no lo verás, tal como desees. Mientras desees verlo, lo verás; cuando ya no lo desees ver, no estará ahí para que lo puedas ver.
2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, es aplicable tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son lo mismo. Sin embargo, puesto que los consideras diferentes, las sesiones de práctica de hoy tendrán una vez más dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti, y la otra, al que ves en tu mente. Trata de introducir en los ejercicios de hoy el pensamiento de que ambos se encuentran en tu propia imaginación.
3. Una vez más, comenzaremos la sesión de práctica de por la mañana y la de por la noche repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que consideras como externo a ti. Luego cierra los ojos y mira tu mundo interno. Procura tratarlos a ambos con la mayor igualdad posible. Repite la idea de hoy sin ningún apresuramiento y tan a menudo como desees mientras observas las imágenes que tu imaginación le presenta a tu conciencia.
4. Se recomiendan de tres a cinco minutos para las dos sesiones de práctica más largas, siendo tres el mínimo requerido. Si notas que hacer los ejercicios te relaja, los puedes alargar a más de cinco minutos. Para facilitar esa relajación, escoge un momento en el que no preveas muchas distracciones y en el que te sientas razonablemente preparado.
5. Estos ejercicios se deben seguir haciendo asimismo a lo largo del día tan a menudo como sea posible. Las aplicaciones más cortas consisten en lentas repeticiones de la idea según exploras tu mundo externo o tu mundo interno. No importa cuál de ellos elijas.
6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cualquier situación que te pueda perturbar. Aplícala diciéndote a ti mismo: «He inventado esta situación tal como la veo».
Comentario de Yvette a la L-32
HE INVENTADO EL MUNDO QUE VEO.
Esta frase me sacude, me lleva a una responsabilidad absoluta que me abruma. En física cuántica se sabe que cada situación percibida no podría verse sin la presencia de un observador que colapsa un campo de infinitas posibilidades de ondas en una concreta, particular, vinculante y acorde a su nivel de conciencia.
El observador hace que “algo sea” por su decisión de querer verlo, Si veo el mundo que veo tan “sólido”, es porque hay un inconsciente colectivo que está de acuerdo en que el mundo sea así, y luego cree que “así es el mundo que ve”. Todo forma parte de mí. Aquí entramos en el concepto de holograma, que no es más que una proyección tridimensional perceptible a nuestra percepción. Por ejemplo, si me hacen una foto de todo el cuerpo y la rompen por la mitad resulta que lo que veré será un trozo en el que me veo de cintura para arriba y otro de cintura para abajo. Pues bien, si en lugar de ser una foto es un holograma lo que vería serían dos fotos de mi cuerpo, y es que, el holograma conserva En cada parte, por diminuta que sea, toda la información.
Este mundo es un holograma, pero detrás de esta invención, de cada pequeño objeto que veo, está toda la información de Quien Soy
– “He inventado esta mañana, tal como la veo ahora”
– “He inventado el sonido de los pájaros, tal y como los oigo”
– “He inventado las religiones tal y como las veo”.
Lo que he inventado ha aprisionado mi voluntad y ha confundido mi mente. Mientras siga atribuyendo valor a esta proyección me creeré rehén de un mundo que en realidad es inexistente. He intentado reemplazar la vida con una dinámica suicida que me sostiene a través un sueño que huele a caducidad. Por eso debo perdonar y corregir mi mente.
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