Lección 58 1er Repaso Lecciones de la 36 a la 40

¿De qué me tengo que salvar? Pues de las ilusiones? ¿Y qué son las ilusiones? Son solo falsas ideas acerca de mí. ¿Y como puedo salvarme?; recordando la Santidad en mí y en mi heramano.

 

 

1. Lección 36. Mi santidad envuelve todo lo que veo.

De mi santidad procede la percepción del mundo real. Habiendo perdonado, ya no me considero culpable. Puedo aceptar la inocencia que es la verdad con respecto a mí. Cuando veo el mundo con los ojos del entendimiento sólo veo su santidad porque lo único que puedo ver son los pensamientos que tengo acerca de mí mismo.

Jesús nos esta diciendo que no sigamos cargando la culpa, una vez que la hemos entregado ya no tenemos porque volver a recordar nuestras faltas, acuérdate que el modo de superar la culpa es ya no volver a cometer la falta, y en lugar de tristeza, compartir alegremente los pensamientos de Paz, perdón y alegría que el Espiritu Santo nos ofrece.

 

2. Lección 37. Mi santidad bendice al mundo.

La percepción de mi santidad no me bendice únicamente a mí. Todas las personas y todo cuanto veo en su luz comparten la dicha que mi santidad me brinda. No hay nada que esté excluido de esta dicha porque no hay nada que no comparta mi santidad. A medida que reconozca mi santidad, la santidad del mundo se alzará resplandeciente para que todos la vean.

3. Lección 38. No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

El poder curativo de mi santidad es ilimitado porque su poder para salvar es ilimitado. ¿De qué me tengo que salvar, sino de las ilusiones? ¿Y qué son las ilusiones sino falsas ideas acerca de mí? Mi santidad las desvanece a todas al afirmar la verdad de lo que soy. En presencia de mi santidad, la cual comparto con Dios Mismo, todos los ídolos desaparecen.

4. Lección 39. Mi santidad es mi salvación.

Puesto que mi santidad me absuelve de toda culpa, reconocer mi santidad es reconocer mi salvación. Es también reconocer la salvación del mundo. Una vez que haya aceptado mi santidad, nada podrá atemorizarme. Y al no tener miedo, todos compartirán mi entendimiento, que es el regalo que Dios me hizo a mí y al mundo.

5. Lección 40. Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

En esto reside mi derecho a lo bueno y sólo a lo bueno. Soy bendito por ser un Hijo de Dios. Todo lo que es bueno me pertenece porque así lo dispuso Dios. Por ser Quien soy no puedo sufrir pérdida alguna, ni privaciones ni dolor. Mi Padre me sustenta, me protege y me dirige en todo. El cuidado que me prodiga es infinito y eterno. Soy eternamente bendito por ser Su Hijo.

 

 

Link del Video del comentario de la Lección por Jorge Pellicier

 

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